¡Qué eufemismo! Cuando oigo o leo “bienvenido” me invade un espíritu de fraternidad, amabilidad y especialmente libertad. Parece que bienvenido podría querer decir “aquí eres libre y puedes hacer lo que te dé la gana”. Pues nada más lejos de la realidad. Nuestro estado democrático y libre va a imponer una ley que prohíbe fumar en todos los espacios públicos, incluyendo locales de ocio. MAL… señores del PSOE. Ustedes son muy progresistas permitiendo el aborto a mujeres de 16 años sin dar más explicaciones, apelando a la objeción de conciencia del sanitario (cosa que por otra parte no me parece mal) y sin embargo prohíben fumar en locales públicos.
Y digo yo, si las personas somos libres de decidir si queremos o no fumar, aún a sabiendas lo malo que es y bla, bla, bla, ¿cómo es posible que ustedes, señores del PSOE no den la libertad de elegir a los propietarios de un local si desean hacerlo de fumadores o de no fumadores? ¿Acaso el propietario no decide por sí mismo si ofrecer comida Rusa o vegetariana? Pues para mí la palabra “libertad” significa poder decidir también si se permite fumar en el local o cantar y bailar (tantos locales lo prohíben, ¿cierto?).
Ustedes contestarán “claro, entonces todos los propietarios de locales decidirán hacerlos de fumadores”. Pues nada, que los hagan todos de fumadores y sea el ciudadano quien elija dónde quiere tomarse una caña. Esto sí es libertad, para el propietario del bar y para el ciudadano.
¿Qué pasa, que los locales de fumadores no visten bien en Europa, no? Pues nada, nos europeizamos, nos americanizamos y nos agilipollamos todos siguiendo pautas que no hacen otra cosa que coartar la libertad de los ciudadanos. Parece que la cosa consiste en prohibir. Mucha libertad y mucha ideología progresista de izquierdas y esto está prohibido y aquello también. Bienvenidos a España ni leches…
Los Yahoo éramos unas bestias en nuestra isla y los caballos eran los seres inteligentes. Cuando nos marchamos de allí nunca pensamos que la evolución de la inteligencia social y democrática era la dictadura del bipartidismo en lugar de la multiplicación de ideas y cultura. Por eso estaremos aquí y opinaremos para intentar dejar de ser los salvajes a los que otros gobiernan sólo por el hecho de habernos convencido de que no nos podemos gobernar a nosotros mismos por ser unos simples Yahoo.
jueves, 24 de diciembre de 2009
martes, 17 de noviembre de 2009
La Maquina del Tiempo
H.G. Wells inventó un viaje a un futuro en el que además de no poder hacer nada para cambiar el pasado, describía un mundo apocalíptico y una humanidad en franco retroceso tecnológico y social.
Algún día, ahora que viajamos como Wells, veo un fututo con el tren pasando hacia Soto del Real, con un dedo levantado pintado por un grafitero de Soto en el último vagón diciendo a nuestro pueblo: "Que os den, paletos".
¿Acaso creen ustedes, ilustres ciudadanos y despreciados votantes, que RENFE ha traído su tren porque lo pidió un partido minoritario? ¿O simplemente es que RENFE quiere hacer negocios siempre que le dejen?
Eso de traer trenes para que vuelvan a Madrid vacíos provocará que viajando de nuevo hacia atrás cierren la estación. El alcalde se alegrará porque otros también lo harán. Bueno perderá ingresos, por este sí, su aparcamiento. Que para eso se ha molestado en cerrar las calles aledañas para que los colmenareños paguemos por imposición un parking de los llamados disuasorios, y que en el resto del planeta son gratis
Si este vertedero, cuestionado por la comisión europea de medio ambiente, es una cuestión de futuro. ¿Por qué no se promueve la instalación de puntos de reciclaje de aceites? ¿O es que eso es una modernidad, y el alcalde que pertenece al pasado, no puede permitirlo?
Sigamos viajando hacia atrás. A la inauguración de la sede de protección civil el alcalde llevó un cura para esparcir agua bendita entre los asistentes. Me imagino el cuadro… En estos tiempos, por mucho que usted se empeñe, hay gente que esquiva esas cosas.
A pesar de que usted nos conduzca a través de la edad media, y que hayan conseguido vía inquisición católica extirpar la tradición pagana de la Maya, por cierto declarada de interés turístico regional precisamente por su carácter pagano, nosotros resistiremos a este particular viaje al que usted nos invita todos los días.
¿Hasta donde nos llevará señor alcalde? ¿Será capaz de transportarnos a la prehistoria? ¿Quemará la biblioteca recién inaugurada como aquella que quemaron en Alejandría, para poder llegar al final de su viaje?
¿Lo hará para que todo el mundo olvide que no fue usted el que luchó por este pueblo? ¿O para que no se sepa que no fue usted quien trajo el tren ni quiso que se trajera?
Ahora seguirá intentando llevarnos cada vez más atrás. Al principio de las cosas, donde todo empezó. Pero acuérdese que si sigue viajando al pasado, puede que un día se encuentre en esa época en al que no había tanta policía y la gente por tanto era más libre. En la que había dos empresas de autobuses. En la que aun existía mucho campo por donde pasear y pensar. En la que aun se podían ver muchos jóvenes en las calles y no pocos como ahora. Y todo eso a usted, al igual que el tren, no le viene nada bien.
Si el autor viviera, podría reescribir su novela ambientándola en Colmenar. Se podría fijar en como el progreso ha sido sustituido por una involución, esta vez programada, en pos de los intereses de un personaje con actitudes dictatoriales y humillantes hacia el pueblo que le vota, y que permite que siga cobrando un esplendido salario a costa de la población machacada.
En efecto, Colmenar viaja hacia atrás en el tiempo en el bienestar y en la tenencia de libertad. Aun recuerdo a esos jóvenes caminando por la vía reclamando la llegada del tren al municipio, hace ya muchos años, Esos chavales eran militantes de Izquierda Unida, no del PP como dice el alcalde. No es por tanto “su tren” sino el de los ciudadanos que lo demandaron, por mucho que quiera hacer ahora creer que fue algo deseado por el o su partido. Porque éste, sólo desea que al monopolio de determinada empresa de transportes no le vaya peor que antes.
¿Acaso creen ustedes, ilustres ciudadanos y despreciados votantes, que RENFE ha traído su tren porque lo pidió un partido minoritario? ¿O simplemente es que RENFE quiere hacer negocios siempre que le dejen?
Eso de traer trenes para que vuelvan a Madrid vacíos provocará que viajando de nuevo hacia atrás cierren la estación. El alcalde se alegrará porque otros también lo harán. Bueno perderá ingresos, por este sí, su aparcamiento. Que para eso se ha molestado en cerrar las calles aledañas para que los colmenareños paguemos por imposición un parking de los llamados disuasorios, y que en el resto del planeta son gratisDentro de poco nuestra ciudad olerá como un pueblo medieval, para que podamos seguir con el viaje en tren al pasado. Sustituiremos catalogación de terreno histórico por mierda. Por cierto, mierda que quieren otros ayuntamientos pero que nuestro alcalde se empeña en que nosotros esnifemos, no se sabe bien por qué. Tal vez sea una cuestión de doblones, maravedíes o piedrodolares.
Si este vertedero, cuestionado por la comisión europea de medio ambiente, es una cuestión de futuro. ¿Por qué no se promueve la instalación de puntos de reciclaje de aceites? ¿O es que eso es una modernidad, y el alcalde que pertenece al pasado, no puede permitirlo?
Sigamos viajando hacia atrás. A la inauguración de la sede de protección civil el alcalde llevó un cura para esparcir agua bendita entre los asistentes. Me imagino el cuadro… En estos tiempos, por mucho que usted se empeñe, hay gente que esquiva esas cosas.
A pesar de que usted nos conduzca a través de la edad media, y que hayan conseguido vía inquisición católica extirpar la tradición pagana de la Maya, por cierto declarada de interés turístico regional precisamente por su carácter pagano, nosotros resistiremos a este particular viaje al que usted nos invita todos los días.
¿Hasta donde nos llevará señor alcalde? ¿Será capaz de transportarnos a la prehistoria? ¿Quemará la biblioteca recién inaugurada como aquella que quemaron en Alejandría, para poder llegar al final de su viaje?
¿Lo hará para que todo el mundo olvide que no fue usted el que luchó por este pueblo? ¿O para que no se sepa que no fue usted quien trajo el tren ni quiso que se trajera?
Ahora seguirá intentando llevarnos cada vez más atrás. Al principio de las cosas, donde todo empezó. Pero acuérdese que si sigue viajando al pasado, puede que un día se encuentre en esa época en al que no había tanta policía y la gente por tanto era más libre. En la que había dos empresas de autobuses. En la que aun existía mucho campo por donde pasear y pensar. En la que aun se podían ver muchos jóvenes en las calles y no pocos como ahora. Y todo eso a usted, al igual que el tren, no le viene nada bien.
martes, 14 de julio de 2009
El Sentido de la Vida
Si hay algo bueno en cumplir años es que el tiempo le dota a uno de perspectiva, y sin caer en el famoso, “esto en mis tiempos era mejor”, se es capaz de analizar las complejas cuestiones metafísicas sobre de dónde venimos y a dónde vamos con mayor claridad.
En el caso que nos ocupa, recuerdo cuando era niño, un Madrid en el que la noche no tenía fin, y un Colmenar en el que las tertulias veraniegas se prolongaban en las terrazas hasta cualquier hora de la madrugada. Seguro que en esos tiempos también habría gente que trabajara al día siguiente, y también estoy seguro de que esos trabajadores del día después escucharían las voces de los contertulios debatiendo sobre el sentido de la vida, pero la noche continuaba, nadie se molestaba más de lo debido y la comprensión, el respeto y la convivencia se imponían.
Según crecía fui testigo de la imposición de límites a la noche Madrileña, y por ende a la Colmenareña. Todavía recuerdo el shock de tener que salir de los bares de copas a las tres de la mañana. Claro que en esos tiempos el pueblo en verano tenía una vida nocturna fuera de lo habitual y hasta podía entender el por qué del toque de queda. Tanta gente pasándolo tan bien hace demasiado ruido. ¿Recuerdan los cientos de personas que inundaban las calles de Colmenar desde La Campana y El Oasis hasta El Muro? Demasiado cachondeo para un pueblo tan serio y cívico como Colmenar.
Lo bueno era que entonces la patrulla se reducía a dos municipales que no daban a vasto para cerrar todos los bares de copas, así que las terrazas y sus tertulias seguían ininterrumpidas hasta que se cansara el dueño del bar. ¿Por qué habría de ser de otro modo?
Pero en los últimos años la situación ha cambiado. Ya no hay tantos bares de copas, debido en parte a la desertización ocio-cultural del pueblo, y por el contrario hay muchos más municipales, y no sólo municipales sino agentes de la BESCAM que nadie sabe realmente para qué están ni cuál es su razón de ser. Todo esto, combinado con la terrible moda de hacerle caso al vecino triste e intolerante de turno, ha dado lugar a una situación impensable en un país Mediterráneo de tan legendaria tradición callejera. Nos están cerrando las terrazas.
Todavía no me queda claro si esto responde a políticas municipales de aniquilación total del ocio en Colmenar, que le queda poco, o si es simplemente debido al hecho de que hay demasiada policía aburrida, haciendo nada, que en sus ratos de asueto nocturno no se les ocurre cosa mejor que perseguir como criminales a ciudadanos tranquilos cuyo único delito es disfrutar de una cerveza fresquita bajo las estrellas.
Por favor, que nadie venga con que si la ley dice tal o cual, que las leyes se deshacen igual que se hacen, y no creo que haya que enumerar todas las leyes que dicen mucho y no se cumplen.
Señor Alcalde, por favor, dígale a su policía que deje de tratarnos como a delincuentes, que ya tenemos hijos, trabajos decentes e hipotecas, déjenos disfrutar, por lo menos, de las noches de verano.
En el caso que nos ocupa, recuerdo cuando era niño, un Madrid en el que la noche no tenía fin, y un Colmenar en el que las tertulias veraniegas se prolongaban en las terrazas hasta cualquier hora de la madrugada. Seguro que en esos tiempos también habría gente que trabajara al día siguiente, y también estoy seguro de que esos trabajadores del día después escucharían las voces de los contertulios debatiendo sobre el sentido de la vida, pero la noche continuaba, nadie se molestaba más de lo debido y la comprensión, el respeto y la convivencia se imponían.
Según crecía fui testigo de la imposición de límites a la noche Madrileña, y por ende a la Colmenareña. Todavía recuerdo el shock de tener que salir de los bares de copas a las tres de la mañana. Claro que en esos tiempos el pueblo en verano tenía una vida nocturna fuera de lo habitual y hasta podía entender el por qué del toque de queda. Tanta gente pasándolo tan bien hace demasiado ruido. ¿Recuerdan los cientos de personas que inundaban las calles de Colmenar desde La Campana y El Oasis hasta El Muro? Demasiado cachondeo para un pueblo tan serio y cívico como Colmenar.
Lo bueno era que entonces la patrulla se reducía a dos municipales que no daban a vasto para cerrar todos los bares de copas, así que las terrazas y sus tertulias seguían ininterrumpidas hasta que se cansara el dueño del bar. ¿Por qué habría de ser de otro modo?
Pero en los últimos años la situación ha cambiado. Ya no hay tantos bares de copas, debido en parte a la desertización ocio-cultural del pueblo, y por el contrario hay muchos más municipales, y no sólo municipales sino agentes de la BESCAM que nadie sabe realmente para qué están ni cuál es su razón de ser. Todo esto, combinado con la terrible moda de hacerle caso al vecino triste e intolerante de turno, ha dado lugar a una situación impensable en un país Mediterráneo de tan legendaria tradición callejera. Nos están cerrando las terrazas.
Todavía no me queda claro si esto responde a políticas municipales de aniquilación total del ocio en Colmenar, que le queda poco, o si es simplemente debido al hecho de que hay demasiada policía aburrida, haciendo nada, que en sus ratos de asueto nocturno no se les ocurre cosa mejor que perseguir como criminales a ciudadanos tranquilos cuyo único delito es disfrutar de una cerveza fresquita bajo las estrellas.
Por favor, que nadie venga con que si la ley dice tal o cual, que las leyes se deshacen igual que se hacen, y no creo que haya que enumerar todas las leyes que dicen mucho y no se cumplen.
Señor Alcalde, por favor, dígale a su policía que deje de tratarnos como a delincuentes, que ya tenemos hijos, trabajos decentes e hipotecas, déjenos disfrutar, por lo menos, de las noches de verano.
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